martes, 23 de marzo de 2010

Sin ella, día 3


Hace más de 54 horas que mi Ro se fue. Me dio un último beso antes de partir.


¿Cómo puedo extrañarla tanto? No dormí nada de bien y eso que normalmente caigo plácidamente dormida al lado suyo en menos de 10 minutos. Seguía buscándola en su mitad de la cama. No estaba ahí.

Estoy bostezando en la oficina. Siento arenitas en los ojos y pienso que hoy es martes y los martes está muy alejados de los viernes.

¿Qué estará haciendo mi Ro? ¿Se escapará a la hora del snack para pedir unos nachos con queso y una piña colada? ¿Estará cuidándose para no quedar chamuscada como hace dos años que fuimos a la playa y que quedó como camarón por sentarse a mojar las piernas mientras me veía nadar?

¿Cómo le haré para tirar la basura si el señor pasa hasta que yo ya estoy en la oficina? ¿Tucita volverá a matar un lagartijo y me lo entregará como fruto de su solitaria estancia? ¿Cómo le voy a hacer para planchar toda la ropa que quedó?

Hay mi Ro, falta menos para que regreses pero hace más tiempo que te fuiste.

lunes, 22 de marzo de 2010

Sin ella


Ro se fue hace 32 horas, me dejó acostada en nuestra cama.

Se fue a un congreso a Acapulco para presentar el proyecto que desarrolló con su tesis. Regresará hasta el viernes por la tarde.

De algún modo logré comer, bañarme, lavar ropa, atender a Tuci, lavar los trastes e ir al cine. Aunque debo admitir que esta última operación no fue exitosa porque al entrar y escuchar "La radio en el cine" esa canción de Belanova estaba en las bocinas de la sala.

"Cada que pienso en tí,
se enciende mi corazón
y nada es más triste que hoy
hablar de tiiiiiii"

La canción ya era dura por sí sola, pero si a esto le añadimos un corto de un perrito fiel que siempre espera a su dueño... lagrimones seguros.

La casa no es lo mismo sin ella, la comida no sabe a lo mismo porque no la sazona nuestras pláticas y el quéhacer no es divertido sin verla a ella barriendo o moviendo sus pompitas mientras lava la loza.

Ni hablar, por lo menos ya falta un día menos.


lunes, 8 de marzo de 2010

Antes de los domingos...

Indudablemente antes de los domingos, vienen los sábados.

Los sábados son un día muy peculiar porque toda la dinámica del día depende de una sola:

Ir a visitar a mis papás o no ir a visitar a mis papás

Los sábados que no visito a mis papás me siento un poco mala hija, pero los sábados en que sí los visito los siento un poco como malos padres. Para mí sigue siendo difícil, claro que los extraño; ellos, por su parte, han hecho su mejor esfuerzo por aparentar que no me extrañan (¿o será que en verdad no me extrañan?).

Los sábados en que visito a mis papás han sido siempre distintos, aún así, he salido de mi casa la gran mayoría de las veces con un nudo en la garganta, más de una vez, ese nudo en la garganta se ha convertido en gotas gruesas y tibias que inundan mis ojos y bajan por mis mejillas mientras yo intento manejar tranquilamente alejándome de ahí. " De ahí donde no me quieren".

Este sábado no fue la excepción, ví a todos ellos reunidos, comiendo, eramos 9. Yo no comí porque mi mamá había preparado carne de puerco, de cualquier forma la ayudé a servir y sentí de nueva cuenta los abrazos de mis sobrinos. Ya no son unos niños, los 3 están ya más altos que su mamá.

Después de ayudar a servir, le pregunté a mi papá que si podía llevarme su taladro. Me respondió que si quería que me fuera a poner un par de tendederos como habíamos acordado, sólo pude decirle, no pá, no te preocupes, ya los pongo yo, ya hace más de un mes que está listo el muro. De mis dos hermanos de 30 y 40 y tantos ninguno me dijo lo que me hubiera gustado escuchar: "Espérate a que terminemos de comer y yo te los pongo".

Claro que nunca he puesto un tendedero, claro que tengo idea de cómo hacerlo, pero también siento una extraña mezcla de orgullo y tristeza por estar haciendo las cosas yo sola.

¿Por qué será que yo me siento mala hija si no los busco o les llamo si ellos nunca han puesto un pie en nuestra casa?

Lo bueno es que después viene el domingo al lado de mi Ro.

lunes, 1 de marzo de 2010

Amo los domingos

Hola a tod@s, les platico que ya he empezado con el Ácido Fólico y que todo va viento en popa para lo del bebé.

Lo más seguro es que me quede un trimestre de la maestría inconcluso, pero es probable que me ayuden para acreditarlo sin concluirlo.

Las cosas en nuestro hogar van de maravilla. Algunas veces lo tenemos tirado, otras veces inmaculado, algunas más recibimos visitas, algunos días nos la pasamos solas, disfrutando la una de la otra.

Los domingos son nuestros días favoritos, despertamos sonrientes, con la Tucita afuera del cuarto maullando para que ya le vayamos a servir sus croquetas. Desayunamos con toda la calma del mundo y nos vamos a comprar la despensa de la semana que suele ser un montón de verduras y frutas y un gustillo de mi Ro.

Comemos cenamos, bailamos, reimos, vemos la tele y nos enamoramos más que en cualquier otro día de la semana.

Lástima que entre cada domingo esté el lunes...

viernes, 19 de febrero de 2010

Litigios

Me ha estado dando vueltas una cosa: Soy abogada. Yo sé que realmente nunca he litigado, pero de que estoy autorizada para hacerlo y de que podría empezar ahora, no hay duda. Hay muchos vacíos legales en las leyes mexicanas. Y hay muchas leyes con límites borrosos, lo cual hace que se encienda en mí la llama por hacer algo: "Los hijos nacidos dentro del matrimonio se considerarán hijos de los cónyuges".
Y además la Constitución dice que "IV. LOS ACTOS DEL ESTADO CIVIL AJUSTADOS A LAS LEYES DE UN ESTADO TENDRAN VALIDEZ EN LOS OTROS," en su artículo 121. Por lo que si unimos las dos, el estado en el que vivo está obligado a reconocer los matrimonios celebrados en el DF y por lo tanto si tenemos un hijo dentrro del matrimonio deberá reconocerlo como hij@ de las dos.


Si optamos por registrar a nuest@ futur@ bebé en este Estado y no en el DF el camino será largo, pero yo sí veo la luz al final de él. Eso sí, descloseteada total, muestras de apoyo y críticas por todos lados.

Ya veremos esto más adelante. Quién sabe, a lo mejor alguien nos abre el camino unos meses antes.

lunes, 25 de enero de 2010

Tucita

Tucita está creciendo muy rápido. Creo que a las dos nos tiene maravilladas cómo logro sobrevivir.

Ahora es de las dos y nos quiere a las dos, eso sí, es una pícara que maulla a las 7 de la mañana para entrar a acurrucarse justamente en medio de sus dos mamás.

Come muy bien, después de 3 desparasitaciones parece que ya dejó atrás tanta lombriz que tenía y sus ojos se ven brillantes.

Jajajaja cuando la veo que brinca y brinca y brinca y corre y corre y corre y (ustedes me entienden) lo único que puedo pensar es: "Qué bueno que por fin está sanita"

Anda un poco latosa porque la comezón por cambiar de dientitos no la deja en paz. Le encanta morder lo que tenga al alcance y disfruta bajar a saludarme cuando llego a la casa.

Por fin aprendió a acicalarse y tal vez en poco tiempo deje ese mal hábito de robarnos la comida en cuanto nos descuidamos.

Bueno Tucita, ya sabes, todas las que nos hagas las pagarás cuando llegue tu hermanit@.

Jajajajajaja

viernes, 1 de enero de 2010

Yo no olvido al año viejo...

En serio que el año viejo me trajo muchísimos regalos:

Un nuevo trabajo
Ahorros
Una mujer-esposa-pareja y no simplemente una novia
Una media hija
Un óvulo
Un HOGAR

No puedo dejar de pensar que el año pasado salir del clóset estaba sólo dentro de los planes, y aunque las cosas no sucedieron precisamente como yo lo hubiera querida, el lugar donde caí después del salto resultó encantador. Un año hizo que mi vida cambiara en más de 360° y el otro lado del arcoiris es mejor de lo que lo podía imaginar.

Usualmente paso poco tiempo en nuestra casa, pero como dijo mi Ro, "ahí no hay que pelear" hay que hacer una atmósfera bonita". En nuestra casa no pararon los albañiles en todas las vacaciones, nuestra 1/2 hija Tucita no deja de mordisquearnos porque está mudando de dientes y alguna que otra vez comemos cosas extrañas en afán de nuevas recetas deliciosas.

Reimos, jugamos luchitas, refunfuñamos y poco por el quehacer pero acabamos todas las noches acurrucadas. ¿Qué más se puede pedir?