Creo que ayer fue la primera vez en todo el embarazo en que me sentí verdaderamente cansada. En el primer trimestre tuve sueño, pero era como un sueño hormonal, no era generalizado.
Durante el segundo semestre me sentí de maravilla, mejor que sin estar embarazada, extra sangre, extra nutrientes, de lo mejor.
Ahora, a mediados del tercer semestre me había sentido cansada, sobre todo cuando salimos de paseo o nos aventuramos a maratónicas tardes de caminatas en donde bobeamos un buen rato y compramos una o dos cositas que nos gusten.
Ayer fue otra historia, mi hermosa inquilina no me dejó dormir en prácticamente toda la noche y por más que me quería concentrar en el trabajo no pude, si me ponía el brazo en el mentón sentía como si estuviera a punto de quedarme dormida, aquí, en mi escritorio. No sé bien cómo pude llegar a la casa y arrastrarme a la cama, Ro no me regañó por no haber comido y me dejó descansar una hora. ¡Qué diferencia! Me desperté con hambre y pude salir a caminar un buen rato ya en la noche.
Es extraño sentirse cansada, hasta cierto punto frágil, dedicando tus energías a hacer crecer a tu bebé que si bien antes era un puntito, ahora ya está bastante grandecita. Ya lo he comentado antes pero, admiro a las mujeres que se embarazan voluntariamente estando solas, admiro a las que logran un buen embarazo solas y a las que tienen anemia, embarazos múltiples y hasta a aquellas que suben 20-25 kilos de peso. ¿Cómo lo hacen? Juro que por siempre las veré y me sacarán una sonrisa, qué admirables.
Yo aún con mi esposa que me consiente tanto, con un trabajo que si bien es demandante en lo intelectual y en lo emocional, no lo es en lo físico, con casi 1.80 de estatura, con poco peso subido en el embarazo, con mi hemoglobina de lo mejor, con comida sana y con una bebé muy bien portada, ayer de plano tiré la toalla y dije, "No, necesito descansar, lo necesito".

